Una llamada a la fidelidad
Joven doctora antepone misión a beneficios
por Carmen Aguinaco
La fidelidad a Dios no siempre trae premios materiales. De hecho, a veces puede traer incluso dolor y sacrificio, lo cual no quiere decir que, paradójicamente, no dé también la felicidad. Al menos esto es lo que experimenta Dr. Kathleen Henry, una doctora que salió de su cómodo hogar en el Medio Oeste para vivir y trabajar entre los pobres y desamparados en Los Ángeles.
Podría estar en una clínica privada, en una posición mucho más lucrativa. ¿Por qué hacer esto? “Los creyentes integran la fe en su profesión. Pensé que esto era lo que yo tenía que hacer. Sentí que era lo más natural”, dice.
La doctora Henry encontró esa integración a través de su trabajo en la Clínica Oscar Romero, en Los Ángeles. La clínica trabaja en colaboración con organizaciones comunitarias e iglesias para proporcionar cuidados médicos a los inmigrantes y a personas sin seguros o sin techo.
“Como toda persona, necesito estable-cer relaciones”, dice Henry. “Paseo por el vecindario e invito a la gente, especialmente a los desamparados, a venir a la clínica. Muchas personas no pueden confiar en el sistema. Tienen miedo. Necesitan un contacto directo. Esto es mi pasión. Yo siempre deseé trabajar con ellos. Quiero decirles por medio de mi trabajo que pertenecen al Cuerpo de Cristo, que son los amados de Dios. Como parte de mi entrevista, les pregunto si piensan que es la voluntad de Dios que estén así. Casi siempre me responden que no. Así que les pregunto qué pueden hacer para salir de esa condición”.
Para una joven a quien le encanta hacer relaciones el camino no ha sido fácil. “Para mí esto ha sido muy duro. Hay muchos mal entendidos e incomprensiones, porque es difícil que la gente entienda mis opciones. Me dicen que estoy malgastando mis años de educación y tanto dinero invertido, que podría tener un trabajo mejor pagado. Y algunos jóvenes con quienes podría haber comenzado una relación, se asustan y se van. Pero eso es lo que soy como cristiana y aquí es donde Dios me ha llamado.
“No sería fiel a mí misma si no lo hiciera. Es difícil para mí andar sola. Me hubiera encantado tener un esposo y crear una familia. Pero no puedo sacrificar mi integridad y mi fidelidad a la llamada de Dios. No sería yo misma”.
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