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¿Es locura?

Motivaciones para escoger un camino

por la Hermana Verónica Méndez, R.C.D.

Pensar en una vocación religiosa puede sonar a locura, especialmente hoy día. Pero debemos recordar que, en realidad, siempre ha sido así. Estoy segura de que la gente pensaba que san Antonio estaba loco cuando se marchó al desierto y comenzó la vida eremítica. Photo

La familia de Francisco de Asís, así como seguramente muchos de sus amigos, estaban seguros de que estaba loco de atar cuando cambió su vida radicalmente y empezó la tradición franciscana de la vida religiosa. Cuando leemos las historias de muchas mujeres fundadoras de comunidades religiosas encontramos que muchos de sus contemporáneos se habrían quedado con la boca abierta ante su comportamiento. Pensar que Dios nos llama a caminar con él en este estilo de vida no nos va a ganar necesariamente mucho apoyo de familiares o amigos.

¿Qué hago, entonces, si creo que es posible que tenga una vocación religiosa? Si puedo contestar las siguientes preguntas afirmativamente, a lo mejor es algo que debería considerar seriamente:

¿Tengo una buena relación con Dios? ¿Es decir, oro? ¿Me gusta la oración? ¿Es la oración un alimento para mi vida, algo sin lo cual no puedo vivir?

¿Tengo generosidad? ¿Siento que el ayudar a otros me da vida? ¿Me preocupan y me duelen los sufrimientos del mundo? ¿Quiero ayudar a cambiar este mundo a mejor?

¿Cómo me relaciono con los demás? ¿Estoy abierto a opiniones, estilos y modos de ser distintos de los míos?

¿Tengo un buen sentido del humor? ¿Me puedo reír de mí misma? (El humor es indispensable para perseverar en cualquier vocación).

¿Es Jesús lo más importante de mi vida? Si todavía no ocupa esa posición, ¿estoy dispuesto a dejar que sugracia actúe en mí para que un día pueda decir con San Pablo: No deseo sino conocer a Cristo Jesús y el poder de su resurrección?

Finalmente, pero no menos importante, ¿cuánto amo a la iglesia? En la última semana de los Ejercicios Espirituales de san Ignacio, se dedica tiempo a meditar sobre la iglesia. Aunque es muy importante entender los fallos humanos de nuestra iglesia, es igualmente importante creer que es el Espíritu Santo quien la guía y que Jesús es fiel a sus promesas. “Siempre estaré con ustedes”. ¿Me puedo imaginar a mí mismo como agente de la iglesia? ¿Deseo ayudarla a crecer, fortalecerse y alimentarse?

Mientras que es verdad que estas cualidades deben ser las de cualquier católico, también es verdad que sin ellas nadie debería pensar en la vida religiosa. Así que, ¿qué queda por preguntar? ¿Es esto lo que Dios quiere de mí?

Dios llama a su pueblo a la oración, la generosidad, el humor, la fidelidad a la iglesia y el llegar a conocer a Jesús tanto como se pueda. Pero algunos de nosotros estamos llamados a hacer esto dentro de las estructuras de la vida religiosa.

¿Cómo sé si esto es para mí? Una pregunta más: ¿me siento atraído a este modo de vida? Nuestro Dios es un Dios bueno. Nos llama a lo que ya sabe que está en nuestros corazones. Sabe lo que hay en nuestros corazones mucho antes de que nosotros mismos lo sepamos. Confía en tu corazón. ¡Vete a donde te está conduciendo!