Enseñar en un país “extranjero”
Dos mundos se unen en el corazón de Estados Unidos
Por Mike Beckmann
Me crié en las afueras de Madison, Wisconsin, y asistí a una escuela mayoritariamente blanca que tenía
muchos recursos, así que no estaba preparado para lo que me esperaba cuando empecé a dar clase en las escuelas públicas de Chicago. Yo pensaba que había visto muchos estilos de vida en mis propios años de secundaria, desde los alumnos que vivían en granjas y tenían que ordeñar vacas antes de ir a la escuela todos los días por la mañana, hasta los que pasarían a competir en deportes universitarios y en la NFL, y los que se registrarían en Universidades exclusivas. Hasta que no fui a De Paul en Chicago, no entendí las otras realidades del país.
No había nada en mi historia personal que me pudiera preparar para mi posición como maestro a tiempo parcial en las escuelas públicas de Chicago. El primer día, pensé que estaba entrando en tierra extranjera. El pasillo principal de la escuela tenía información sobre cómo alistarse en la Infantería. Por contraste, el pasillo de mi secundaria tenía información sobre los colegios comunitarios y las universidades estatales. Unos cuantos de mis compañeros de clase se alistaron en el ejército, pero se nos presentaban otras muchas alternativas e información.
Todo lo que yo había oído—al asistir a la protesta y vigilia anual en la Escuela de las Américas en Fort Benning, Georgia—sobre la atención que el ejército americano centraba agresivamente sobre los estudiantes de secundaria de minorías para que se alistasen, se convirtió en realidad. Fort Benning recluta, entrena y envía a soldados por todo el mundo. En noviembre de 2006 asistí a la vigilia anual y aunque era mi quinta vez, la sentí como la primera, porque era la primera vez que viajaba con los jesuitas. El aniversario de noviembre conmemora la fecha de 1989 en que seis jesuitas salvadoreños fueron asesinados junto con su ama de llaves y la hija de ésta, en la Universidad de Centro América, en El Salvador.
Nos reunimos como grupo para compartir la fe y la liturgia en varias ocasiones antes de viajar y pasamos la mayor parte del fin de semana en Georgia en oración. Participar en la vigilia de 2006 fue para mí como una unión del pasado, el presente y el futuro. El ser testigo y experimentar el activismo basado en la fe que vi en Georgia, me ayudó a identificar mi llamada a estudiar teología como estudiante laico en la Escuela de Teología Jesuita de Berkeley, California.
Siempre había pensado que yo era una anomalía, al querer desarrollar una teología que cubriera un sentido de liberación personal, social y económica dentro de la tradición católica romana. Sin embargo, no podía ser todo cerebro, sin meter la mano en el asunto. El estudiar en Berkeley me ha puesto en contacto con algunos de los más talentosos líderes futuros de la iglesia, tanto laicos como ordenados, que no sólo son inteligentes, sino que también saben cuándo es hora de ir a la comunidad y conectarse con las personas en situaciones reales. Nuestros ministerios van del trabajo en prisiones y capellanías de hospital para algunos de los residentes más pobres de Oakland al servicio en parroquias bi-raciales, y al apoyo y servicio de los inmigrantes en este país.
Tu turno
¿Alguna vez has pensado que ya lo habías visto todo y te has dado cuenta de que te falta mucho por aprender? ¿En qué y en qué situaciones te ha hablado Dios sobre una llamada al servicio a los demás?
Las beguines eran grupos de mujeres laicas del siglo XII que, sin hacer votos, se dedicaban a la oración y a las buenas obras. Al principio no había muchas, pero para finales de siglo eran cientos y, en el beguinage de Gant eran miles las participantes. No renunciaban a su vida en el mundo ni a su propiedad, pero vivían una vida de comunidad y de compromiso de servicio a su sociedad.
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