Preguntas sobre las vocaciones
¿Qué es una vocación?
Cuando estás enamorado de alguien, o te gusta alguien, ¿no andas siempre buscando a esa persona, deseoso de estar cerca? Pues así pasa con Dios. Como nos ama, siempre quiere que estemos cerca. Y nos llama por nuestro nombre, como si no tuviera otra cosa que hacer.
Muchas veces decimos que “hay falta de vocaciones”, pero en realidad lo que queremos decir es que hay falta de vocaciones al sacerdocio o la vida religiosa. Falta de vocaciones no puede haber porque hay tantas vocaciones como bautizados. Dios llama a cada uno a su propio estilo de vida, en seguimiento de la persona viva que es Jesús. La palabra vocación viene del latín “vocare” que significa llamar. Y Dios siempre llama. Según un importante teólogo de la Iglesia, Suárez, la vocación es una llamada a un estilo de vida estable que está dirigida a mantener la gracia en este mundo y alcanzar la gloria.

Entonces, ¿es el matrimonio una vocación? ¡Por supuesto que lo es! Según esa definición, como el matrimonio es una manera estable de vivir y es un sacramento, que concede gracia, parece que el matrimonio es ciertamente una vocación. Dios llama a los esposos a vivir su amor y a construir su pequeña iglesia doméstica desde la vida diaria familiar. Como cualquier otra, la vocación matrimonial no es fácil. Según el P. Rainieri, este “estado impone grandes obligaciones, pruebas duras, y muchas dificultades.”
El matrimonio no es una boda linda, sino un compromiso muy serio. Cuando se dicen las palabras: en tiempos malos y en tiempos buenos, en la salud y en la enfermedad, en ese momento de enorme felicidad de la boda quizá se llegue a pensar que esos tiempos no van a venir nunca. La verdad es que no hay vida humana que no esté llena de dificultades. Y la convivencia nunca es fácil. Hay que amarse mucho para tolerar las manías, costumbres que nos resultan raras porque nuestra familia era distinta, y personalidad diferente. Hay que amarse mucho para resistir en los momentos difíciles, dialogar y continuar realizando el sacramento (signo de gracia que realiza lo que significa) día a día.
No se entra en un matrimonio porque sea lo que hace todo el mundo y porque “no se tenga vocación”, sino precisamente porque se tiene. Se escucha esa llamada a realizar la misión de Dios en ese ambiente principal e importantísimo que es el núcleo familiar.
La llamada al matrimonio no es solamente una inclinación romántica hacia otra persona, ni el deseo—aunque es muy noble—de tener hijos. La llamada al matrimonio es la aceptación de la responsabilidad de crear, junto con Dios, un mundo mejor a través de la construcción de lazos de amor indestructibles y de la educación y crianza de los hijos—seres humanos que a su vez acepten la llamada a cambiar el mundo.
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